Libro Los Senderos del yo

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¿Por qué existe el mal en nuestro cerebro?

       



        Por qué existe el mal en el mundo? Esta pregunta se formulaba en el título de un extenso artículo en una revista científica que tuve oportunidad de leer recientemente. Esta es una pregunta que a muchos les sonará raro que se planteé desde la óptica científica, pues la cuestión más parece señalar a la religión, como garante de las explicaciones metafísicas o a la filosofía que se encargaría de definir el mal y dar una explicación humana al asunto. 

        Claro que este asunto conlleva muchas incógnitas que escapan a la lógica científica y sobre todo a la razón evolutiva, pues esta última se sustenta en la obsesión por la supervivencia y la prolongación de la vida, por medio de mejoras que le provea de ventajas y que se transmitan a su descendencia. Sería inútil que, desde esa óptica, se haya dado en el hombre esa opción de hacer el mal, de autodestrucción y aniquilación de la especie, solo por puro egoísmo. Pero la realidad es que es lo que está pasando ahora mismo, la ambición y el egoísmo está llevando a la destrucción del planeta. Un evolucionista respondería “eso es parte de la supervivencia del más apto” el gen egoísta nos llevará siempre a competir con otros e intentar superarlos a cualquier precio. En ese caso, a estas alturas ya no debería existir entonces el bien, la comprensión, la empatía, la solidaridad y la caridad. Algunos hasta se plantean si no será que el mal en el hombre es un bien para el planeta, desde un punto de vista más allá del corto plazo, pues la aniquilación de la humanidad, aunque conlleve también la de otras especies, supondría un respiro ecológico al sistema. Pero eso equivaldría a decir que el planeta es más inteligente o que tiene un mecanismo superior que elimina al que produce el mal. ¿Es ese mismo mecanismo que destruyó a los grandes dinosaurios que estaban esquilmando el planeta? 

Pero curiosamente el bien, también presente en el hombre, contrarresta y acaba imponiéndose en muchísimas ocasiones. Es curioso que en la misma mente inteligente puedan convivir el mal y el bien, la creatividad y la destrucción, la bondad más desinteresada y el egoísmo más ambicioso. Es por ello por lo que vale la pena plantear de dónde se origina este mal y por qué, pues eso ayudaría a poder entender cómo funciona nuestra mente. En primer lugar, porque no es observable en la naturaleza una desviación hacia el mal tan perverso como el que desarrollamos los humanos.

Y no nos referimos en sí a la violencia, que puede ser consecuencia del mal y es donde de manera más cruel lo manifestamos. Esto último es algo común y observable en el reino animal, la lucha entre depredador y presa, esa fiereza con la que los cazadores devoran a sus víctimas. O las encarnizadas luchas territoriales, y qué decir de la pugna por conseguir aparearse y obtener el liderato de la manada. En todas estas situaciones se dan momentos de dura y muy violenta lucha. Sin embargo, tenemos que reconocer que la violencia en si no es sinónimo de maldad, en todos estos casos antes mencionados son luchas instintivas que se aplacan de inmediato cuando acaba la razón para esa violencia, así que podemos encontrar en el mundo animal, que siempre hay una razón o una lógica natural en ello. Es verdad que a veces se puede ver maldad en el instinto animal, como cuando un león mata a los cachorros de su contrincante para que la hembra se ponga en celo y obtenga él su propia descendencia. O cuando un polluelo hace caer a su hermano más débil o lo mata para quitar competencia en la obtención de alimentos de sus sacrificados padres.

Efectivamente, visto así parece cruel lo que vemos, y puede que nos horroricemos cuando nos muestran en documentales la violencia de las acciones de algunos animales, pero no deja de ser instinto de supervivencia, nunca maldad gratuita e innecesaria. Ningún animal mata a otro por simple placer, o por diversión, siempre mediará el instinto de protección, territorial, de apareamiento, de alimentación o de supervivencia. Por mucho que algunos quieran humanizar el comportamiento de algunas especies al interpretar ciertas conductas como similares a la maldad humana. En todos los casos que existen en la naturaleza vemos cualquiera de esas cinco necesidades, que son las que les mueven a tomar decisiones o acciones.

Sin embargo, entre los seres que habitan este planeta, los humanos hemos superado al instinto, gracias al desarrollo del neocórtex que nos da la inteligencia tan avanzada y claramente superior de la cualquier animal, podemos hacer cosas por voluntad propia, sin que medien razones instintivas. Sin embargo, junto con esta inteligencia viene un asunto añadido para el que la ciencia no tiene respuesta, ni una razón o necesidad: La maldad.

Por ejemplo, un ser humano sufre extraordinariamente cuando pierde su hogar por una catástrofe natural, una guerra o un accidente. Esta persona se lamenta de la pérdida y lo recuerda toda su vida, aunque con el tiempo recupere gran parte de las posesiones que perdió. Una madre que pierde a un hijo por algún percance, aunque tenga otros, es posible que sufra toda su vida e incluso no se reponga del golpe, ni siquiera sustituya a este por otro. ¡Qué diferente es todo esto en el mundo animal!



Por ejemplo, en el caso de un ave, posiblemente sufra al ver destruido su nido, pero ese sufrimiento es fugaz y solo significa que tendrá que empezar a construir otro, que la pérdida de la prole en el caso de una madre de cualquier tipo de mamífero, significa volver a entrar en celo para encontrar a otro macho y de nuevo producir crías a las que cuidar. Es verdad que a veces podemos observar cierta tristeza o pesar cuando una madre descubre que su cría ha muerto, pero nada que no se supere y olvide al día siguiente, o a la siguiente hora. ¿Significa eso que carecen los animales de valores morales? No se trata de eso. ¿Significa entonces que su cerebro está capacitado para superar estos traumas y sobrellevarlos mejor que los humanos? Tampoco, más bien es que no son conscientes más allá de cierto nivel de sufrimiento, su capacidad cerebral no le hace plantearse el futuro. Sencillamente lo superan, de la misma manera como un bebé humano puede superar mejor la muerte de sus padres que una persona adulta, esto es sencillamente porque no son totalmente conscientes de ello y la amnesia infantil nos lleva a olvidar cualquier sufrimiento y enterrar el pasado. Una prueba de la inconsciencia animal la tenemos al observar ciertas especies de aves, como el Cuco, que depositan sus huevos en nidos de otros y los padres que han puesto el nido alimentan al impostor sin darse cuenta de que no es de ellos, en ocasiones el polluelo supera en tamaño a los cuidadores, sin que ellos se percaten de la impostura, jamás podría suceder tal cosa entre los padres humanos, imaginemos la reacción de unos padres blancos cuando les traen a su bebé con rasgos africanos o asiáticos, o del caso opuesto ¿qué dirían unos padres chinos si le entregan un hijo rubio con rasgos centroeuropeos? La sorpresa y extrañeza de la madre y la consternación y disgusto en el caso del padre no sería menor. Incluso siendo de la misma raza tarde o temprano se darían cuenta de un cambio de bebé, quizás por rasgos o personalidad distante. Es verdad que en este último caso el amor y afecto hacia un hijo cambiado al nacer no difiere del que se mostraría al hijo natural, la oxitocina funciona por el contacto con la criatura, independiente de si es el hijo que la madre ha llevado en las entrañas o no lo sea. 

Hemos comparado la mente infantil de un bebé a la de un animal. Porque en realidad es lo más parecido, incluso cuando hablamos de seres más desarrollados, como ciertos delfines, elefantes o algunos simios. Si hablamos de la inocencia infantil, esa que nos hace más vulnerables a los peligros que a cualquier otro ser vivo de la misma edad, se compensa por la atención de sus cuidadores, pero también ese periodo de tiempo sea feliz o no, es olvidado pasados los tres años, eso ayuda al niño a que pueda superar cualquier pérdida y olvidar los traumas anteriores que durante esos tres años pueda haber sufrido, sobre todo el trauma de nacer. Pues bien, esa inocencia en el reino animal dura toda la vida. No se puede considerar ese borrón y cuenta nueva que hacen los animales al igual que la amnesia infantil, pues los animales desarrollan recuerdos, pero de manera limitada y selectiva, es decir, aprenderán desde muy jóvenes cuales son los peligros, que animales se consideran presa y cuales depredadores y no lo olvidarán en toda su vida. Así, lo que nosotros consideramos una desventaja, más bien es una virtud para el desarrollo y defensa de sus vidas. 

Hay razones para pensar que la propuesta de que el desvalor es superior en la naturaleza que el bien, o el simple planteamiento del mal, no es del todo acertado, pues no hay algo similar al mal o el bien en ella, de hecho hasta la muerte se puede convertir en un bien para el ciclo de la vida en el mundo natural, siempre hay alguien que se beneficia de la muerte de otro. Además, existe la ventaja de la presa, frente a la estrategia del cazador, ambos tienen ventajas y puntos vulnerables. La vida es más corta para los pequeños y más longeva para los grandes, pero la cantidad de camadas son mucho más abundantes en cantidad y repetición de estas en un año cuanto más pequeño en tamaño es el animal. Así se consigue un equilibrio, sería fácil explicar que la evolución dotara de esas ventajas a unos y otros, pero por alguna razón más bien, todo nos lleva a un justo equilibrio. En el mundo natural, por tanto, si sacamos al hombre, no podemos hablar de mal o bien, si no de un bien engranado funcionamiento natural.

Luego tenemos conductas que jamás veremos en el mundo animal, como por ejemplo torturar a otro igual, sin otra razón que el placer de verlo sufrir. Ninguna madre entre los mamíferos abandona a sus hijos pequeños porque tenga otros intereses o busque la satisfacción sexual con otros machos. Tampoco que los mate al nacer o intente abortar porque no desee traer más criaturas al mundo o no le venga bien tener crías en ese momento. No vemos inventiva en el reino animal para asesinar a sus congéneres sin más. El genocidio, las violaciones sexuales, el sadismo, el masoquismo no forman parte del reino animal.



Incluso si se procura buscar una explicación puramente biológica o antropológica a la razón del mal, intentado ver una ventaja evolutiva en ello, no la encontraremos, pues todo apunta a que el bien común en la sociedad, la colaboración, el reparto más justo, la vida más pacífica, todo va a favor de la longevidad y de la satisfacción del humano, mientras que el mal, la violencia, la crueldad, solo provoca males, muertes prematuras, la injusticia solo conduce a muchos a sufrir escasez y esta a su vez produce más maldad, delincuencia y vidas truncadas. Se menciona como ejemplo, como un bajo nivel cultural, unido a una situación de penuria económica e insatisfacción de los ciudadanos está directamente relacionada con el aumento de la violencia y la maldad, algo así como cuando no hay orden ni control en un estado fallido, sea por una guerra civil o una catástrofe total.

Aunque, todo hay que decirlo, no se consigue eliminar la delincuencia y la maldad ni siquiera en las sociedades aparentemente más desarrolladas y justas, es más, existen hechos terriblemente cercanos, como los vividos en la segunda guerra mundial, el genocidio nazi, la crueldad del comunismo de Stalin, hace menos de 70 años, o la masacre de PolPot en Camboya, aún más cercana. Curiosamente a los jerarcas nazis antes de los juicios de Nüremberg se les realizaron estudios psiquiátricos y psicológicos, así como test de inteligencia y demostraron tener un alto coeficiente intelectual y ningún trastorno llamativo que justificara sus decisiones. Además, dichos actos deleznables también fueron apoyados por una sociedad, la alemana, culta y bajo una situación económica en pleno apogeo.

        ¿Entonces? ¿Qué explicación tiene el mal? El escritor del artículo de la revista antes citada concluye que por alguna razón en la misma sección cerebral donde se desarrolla la capacidad humana de la inteligencia o de la creatividad, se halla también esa maldad. Pues parece ser que las mismas regiones donde se desarrolla la creatividad, también se planea el mal, la crueldad y el sadismo. En la literatura ancestral ya se señalaba cierta relación entre progreso, inteligencia y maldad, por ejemplo, en el Génesis bíblico se recoge de manera escueta que una de las cuestiones que se introdujo en el hombre pecador fue el conocimiento del bien y del mal, como algo de lo que antes se carecía o como parece desprenderse de un estudio más profundo del relato, la opción de decisión sobre que es el mal y el bien, un saber distinto al natural o básico que tenían en su origen. En el mismo Génesis se explica cómo los primeros músicos y creadores metalúrgicos surgieron de la estirpe de Caín, quien había matado a su hermano. En otro escrito de la tradición judía, en el libro de Enoc, se da a entender que las grandes construcciones e invenciones primitivas fueron inspiradas por criaturas maléficas y crueles, los gigantes Nefilim. También en el Génesis se menciona como el diseño y construcción de una elevada torre cuya meta por parte de los constructores era llegar al cielo, fue idea de otro malvado líder, Nemrod. Pues la ciencia parece apuntar en esa misma dirección: la inteligencia y la creatividad van de la mano con la maldad.

Algo que se observa en los humanos y que nos diferencia de los animales es el cambio que se produce en el cerebro en la edad adulta. Los niños en edad infantil puede que muestren actitudes violentas de manera instintiva, tal vez en juegos o cuando interactúan unos con otros, como lo hacen muchos cachorros en la naturaleza, pero a diferencia de los animales, cuya inocencia se mantiene durante toda la vida, en el caso humano, el posterior desarrollo cerebral y cognitivo superior en inteligencia y complejidad de nuestro cerebro nos lleva a desarrollar ese mal. Es como si de alguna manera, tuviésemos un gen que, al tiempo de dotarnos de una inteligencia superior, nos conduce a esa maldad innata. La eliminación o modificación de ese gen podría hacernos mantener la inteligencia y a la vez evitar la maldad, pero por el momento los genetistas no tienen solución a eso, nadie puede prever cuando nace cierto niño que con el tiempo se va a convertir en un criminal. Pero si se sabe que, aun teniendo esos instintos innatos dañinos, una buena educación de la conciencia ayuda a controlar nuestros impulsos más crueles.

Por otro lado, el hecho de que esta maldad se desarrolle en el lado creativo del cerebro parece indicar que la distorsión de esa sección creativa puede llevar a trastornos de la personalidad, y una disfunción en el desarrollo del lóbulo derecho puede convertir a una persona creativa, imaginativa, bohemia, en sádica o malvada a niveles extremos. ¿Significa eso que es imposible controlar la tendencia al mal, así como no podemos coartar nuestra creatividad o inteligencia? Por supuesto, tenemos la conciencia que bajo un buen entrenamiento o educación en valores y normas morales puede de alguna manera controlar los impulsos violentos o desordenados. Hay muchos ejemplos de personas que tiempo atrás fueron criminales y violentos y con el tiempo se convirtieron en hombres pacíficos y mansos y no necesariamente tras su paso por la cárcel. Los centros penitenciarios no ayudan a mejorar a los delincuentes, a veces salen de esos centros peor de cuando entraron.  

Rehacer la mente y hacer que esa sección cerebral que nos lleva a la maldad se dirija a la bondad, la educación y la creatividad es una misión compleja, pero no imposible, pues aunque algunos afirman que no existe el libre albedrío, en realidad si es posible y la mente si se puede rehacer. 


Lo políticamente correcto frente a la naturaleza mental

 



¿Existe hoy día realmente la libertad de pensamiento y expresión? Hace años, hablar de ateísmo, de libertad sexual, de feminismo, de homosexualidad, era un tema tabú y pocos defendían sus criterios o ideas al respecto, aunque desde los años sesenta y setenta del siglo XX las cosas fueron cambiando y se pasó a cierta tolerancia o respeto hacia estas tendencias. Con respecto al movimiento LGTBI, como ya explicamos antes, la mayor parte de las personas décadas atrás no aceptaban tales conductas y se veía mal que alguien con esas tendencias las demostrase abiertamente, por lo general, era señalado, vilipendiado, en muchos lugares significaba encarcelamiento o privaciones, incluso maltrato y muerte. Artistas y personas importantes socialmente hablando ocultaban su tendencia sexual y aparentaban ser normales desde el punto de vista de lo moralmente establecido en su época. 

No obstante, en un proceso de varias décadas, la ventana de Overton se ha abierto en una dirección opuesta, no solo en este tema si no en otros relacionados con el sexo: Hoy día en la mayor parte del mundo occidental, expresarse libremente solo se atreven aquellos que expresan que creen en la libertad de elección sexual, el hombre moderno solo puede hablar bien de la igualdad absoluta de los sexos, el hombre actual está obligado a ver la homosexualidad como una alternativa natural, el máximo exponente de la libertad sería que desde niños pudiéramos sentirnos con la libertad de elegir con que alternativa sexual nos identificamos, que se legalice el matrimonio gay y que la gente ame a quien quiera. Ciertos grupos de poder considerados avanzados y progresistas se afanan por influir en el pensamiento de las políticas a aplicar. ¿Qué sucedería si alguien, aunque sea una autoridad en ciencia se atreviera a comentar que la homosexualidad no es natural, en el mejor de los casos no conduce a nada y va contra la continuidad de la especie? ¿Qué hay si menciona que la transexualidad es un defecto o trastorno físico de difícil solución? Aunque en privado lo piense, decirlo en público puede costarle el puesto, su reputación, incluso puede arriesgarse a ser tachado de homófogo y sufrir las consecuencias.  

Algo similar ocurre con la igualdad de género, diferenciar la violencia machista y defender los derechos de las mujeres en aspectos laborales y de otra índole es algo normal y correcto. Pero la meta del ideal feminista es que exista una paridad absoluta en sueldos, en la cantidad de mujeres en los centros directivos de las empresas, en los gobiernos y que las labores del hogar, cuidado de niños o mayores recaiga en ambos. Lamentablemente es un ideal de complicada aplicación práctica, no solo porque el hombre no quiera compartir su posición en cuanto a lo laboral, si no que no hay suficiente empleo bien remunerado para todos, tampoco es atractivo cualquier trabajo para todas las mujeres, muy pocas buscan ser mineras, no siempre se puede equiparar la fuerza natural de un hombre con la de una mujer para determinadas labores físicas, ellas y ellos tienen otras preferencias. Pocas familias contratarían a un hombre adulto para cuidar de sus hijos, trabajos relacionados con la construcción, en asuntos técnicos pocas mujeres lo escogen y el sistema tiene sus límites.






Otro asunto es el trato entre sexos. Ya no solo se pide respeto y buenos modales, el feminismo extremo exige que el hombre no se atreva a tocar, piropear, ni besar a una mujer sin su consentimiento. Se han dado casos de denuncias hacia hombres por llamar guapa a una mujer o propinar un beso en determinado momento. Y una opinión discordante en esta materia sensible está muy mal visto, los medios de comunicación se esfuerzan por criticar cualquier discrepancia en estos asuntos, pero en ocasiones da la impresión de que el ideal de igualdad que se busca se coloca por encima de la propia naturaleza humana, al extremo de influir en las formas, el trato entre sexos, al considerar ofensivo el piropo, la alabanza de lo físico, y por supuesto no nos referimos a los comentarios obscenos o actos de exhibicionismo sexual que si entrarían en la categoría de ofensas, pero hay una diferencia entre eso y lo anterior, luego están las formas educadas de dejar pasar a la dama antes, abrirle las puertas del vehículo, colocarles la silla en el restaurante, o tomarle la mano al bajar de un tren, esto en ocasiones se llega a considerar como una actitud de micromachismo que busca la subordinación de la mujer por considerarla inferior, como una forma de demostrar quién es el poderoso o más fuerte. También es verdad que un hombre por lo general no se muestra galante hacia otro hombre, pues siempre se ha considerado que la galantería y buenas formas se usan al tratar a una dama, pero esto, ahora se intenta señalar como denigrante. Los piropos o saludos de desconocidos se ven como manifestaciones de acoso y una mirada por atracción como forma de violencia. 




Parece a todas luces que se busca una igualdad ideal y respetuosa, pero que como hemos dicho antes, va más allá de la naturaleza humana. Pues física y cerebralmente queda claro que no somos iguales, no se debe obviar las diferencias físicas, así como no se pueden forzar los gustos, tendencias, deseos, intenciones internas y maneras de sentir o actuar hacia el sexo opuesto. El hombre si está sano, físicamente se considera más fuerte que una mujer en igualdad de condiciones y por ello quizás considere apropiado ayudar a una mujer a llevar el peso, o ayudarla si se encuentra en peligro a costa de arriesgar su propia vida, es difícil imaginar eso a la inversa, o si en un barco se trata de salvar a alguien, se ve bien que mujeres y niños se salven primero, pues se considera más indispensable salvar a una madre que a un padre, pocos hombres y mujeres cuestionarían eso o lo considerarían machista. Por otro lado, cuando hablamos de un hombre hetero, cuya naturaleza es sentirse atraído por una mujer, su vista de manera natural será observar la belleza de esta o fijarse casi instintivamente en los atributos femeninos, por supuesto controlando sus instintos más básicos. Por otro lado, una mujer igualmente actuará de una manera específica para atraer la atención de los hombres, difícilmente se sentirá libre de tomar la iniciativa, a veces sin darse cuenta de ello, en ambos casos se hace bajo el influjo del subconsciente interno y natural no necesariamente aprendido. La actual situación en la que se fuerza una supuesta igualdad que más bien parece una relación reglamentada, donde es difícil saber cómo actuar sin ofender, puede hacer muy difícil encontrar pareja, sobre todo a partir de la frontera de los 25 años, que es cuando los tradicionales cánones de conducta hacia el sexo opuesto están en entredicho, por eso son muchos los que buscan pareja desde aplicaciones, páginas web o programas de televisión que les den la oportunidad de demostrar sus deseos naturales sin “importunar” a nadie, se extiende el miedo o la inseguridad ante el sexo opuesto. Aunque en la sociedad aparentemente impera la libertad sexual.




Por otro lado, ciertas decisiones desesperadas, forzadas por las circunstancias se conviertan en derechos. Por ejemplo, abortar es un derecho primordial de la mujer y poder morir cuando uno lo desea como el legítimo paradigma de libertad. Decir lo contrario o rechazar tales conductas, actitudes, derechos y libertades está muy mal visto y pocos se atreven a alzarse contra estos nuevos paradigmas. En occidente hay cosas de las cuales a muchos les gusta presumir y reciben a menudo los aplausos de los demás, entre otras está el rechazo a las instituciones religiosas, no aceptar la fe o las creencias, renegar de Dios, denigrar lo espiritual, negar y repudiar las normas de antaño, considerarlas opresoras y desfasadas. El mal o el bien son conceptos relativizados, que no tienen el mismo sentido tradicional.

Todavía hay quienes, desde su posición política e ideológica se atreven a expresar su rechazo moderado o extremo a estos cambios, pero los medios de comunicación, el cine, la radio y otros medios, en una actitud de autocensura, silencian o vilipendian a quienes hablan contrario a estas cosas.  En pocos años, hablar o sencillamente expresar objeciones a algunas de estas conductas, o no comulgar con este tipo de criterios se considerará un delito y todos aquellos que no aboguen por ese punto de vista serán atacados por la sociedad y castigados por las leyes. La ventana de Overton está funcionando.

La cultura Woke está forzando a que estos asuntos se apliquen en todo ámbito, dese las escuelas, el cine, la televisión, radio, los comunicadores de hoy ya no son libres de expresarse sin temer a ser atacados de alguna u otra manera. Realmente nadie se considera Woke, pues es un nombre despectivo interpuesto por el lado contrario para señalar a aquellos que quieren forzar a la sociedad a ser feministas, ecologistas y apoyadores del movimiento LGTBI. No pretendemos concienciar hacia a un lado u otro al lector, tampoco atacar ninguna tendencia, ni indicar qué es bueno o malo, ni rechazar la libertad ni los derechos de los que antaño han sido discriminados y atacados por su condición sexual, tampoco atacar a quien piense distinto, sencillamente estamos exponiendo lo que ahora se considera políticamente correcto.

Por ejemplo, en mi caso al escribir sobre esto, siento que tengo que medir mucho las palabras para evitar que algunos vean ofensivo lo que expongo, me acusen de machista, homófogo o retrógrado, o por el contrario, recelen que con mis palabras apoyo la revolución woke, por tanto ya no estoy escribiendo libremente lo que pienso, tengo que medirme y restringirme, pese a que nunca me ha gustado atacar a una u otra forma de pensar y me considero absolutamente neutral en lo político, pero no me siento ahora mismo libre, como no se ven libres millones de personas que tienen que restringir lo que piensan o sienten en pro de una sociedad que busca el control sistemático del pensamiento y de lo que está bien o mal. En determinados casos, se utiliza esa supuesta manipulación a fin de obtener resultados positivos en la sociedad, mejorar, concienciar y se consigue. Así repetir lo del cambio climático, llamar la atención a las catástrofes naturales y relacionarlas todas con el calentamiento global logra hacer que muchas personas se conciencien en la cultura del reciclaje, utilización de los transportes públicos y otras actitudes cívicas, eso en sí nos es malo, independientemente de que algunos lo consideren una exageración interesada. Lo mismo podemos decir de la violencia sexual o de género. Por supuesto en ocasiones los medios, faltando a la verdad, sobre todo cuando se resaltan noticias sobre estos hechos, amplificando su magnitud, ocultando las acusaciones que resultan falsas, hacen pensar que hay un aumento de la violencia machista o sexual, cuando en realidad si se tienen en cuenta  los datos estadísticos de años atrás se observa una disminución general de estas cosas. Y los resultados son positivos, pues con esto se consigue, si bien no eliminar, si reducir aún más los delitos relacionados con esto y concienciar a la sociedad de no tolerar la violencia en el ámbito familiar. Es la principal razón de que los casos de violencia doméstica en España, por ejemplo se han reducido notablemente, sobre todo desde que las estadísticas empezaron a contar allá por el año 2004. Antaño se contaban por cientos los casos, ahora una cuantas decenas. Sin embargo, la sociedad piensa que el mal va a peor y hay que luchar por atajarlo, se ha logrado concienciar a la sociedad de la importancia de denunciar cualquier acto que indique violencia de un hombre hacia una mujer y está dando buenos resultados. En este caso, se puede decir que el fin justifica las maneras.

Sacar estos ejemplos a colación es tan solo para demostrar cómo funciona la ventana de Overton, para bien o para mal, no pretendo negar la realidad, todo lo contrario, ser lo más objetivo posible. Pero, esto no evita que en la situación actual, estemos inmersos en una pugna ideológica constante, vivimos en una ápoca en el que subsisten dos polos opuestos y enfrentados sin posibilidad de acuerdo alguno, el enfrentamiento ideológico está servido, pues hay muchos movimientos conservadores que no ven con buenos ojos asuntos, como el matrimonio gay o el aborto, sin embargo, la balanza parece inclinarse más por la causa progresista, pues en muchos países, incluso bajo gobiernos conservadores no se atreverían a derogar ciertas leyes o derechos de aquellos grupos de presión. Pero, por alguna razón, la población se ha polarizado y radicalizado. Lo mismo sucede en cuanto a ideología política, no parece existir término medio, es decir o se es de izquierda, progresista, ecologista, feminista y ateo o se es de derecha, conservador, creyente, defensor de la familia y que niega el cambio climático. Ambos lados mantienen unos parámetros enfrentados, sin contar con que hay mucha gente con opiniones distintas y relativamente moderadas en ambos lados, hay muchos que apoyan criterios de ambos lados y otros que rechazan politizar sus ideas, pero cuya libertad de pensamiento está siendo pisoteado o presionado para que apoye unas tendencias y reniegue de las otras.  

Visto así, dejarse llevar por la opinión pública o la conciencia colectiva es como dejarse arrastrar de aquí para allá por todo viento de cambiante ideología o enseñanza, no es usar su verdadera libertad con conocimiento de causa, si no por lo que es popular en el momento. Antiguamente, en la edad media se quemaban a los que discrepaban de lo que la Iglesia afirmaba, o quien se atreviera a contradecir al rey de turno, se acusaba de brujería a la mujer libre, claro que eran una minoría de personas las que estaban bajo ataque, por más que se diga que eran muchos. Ahora, sin embargo se discrimina y criminaliza a quien defienda ciertos tipos de creencia y la tendencia al menos en occidente parece llevarnos a un mundo ateo y donde lo políticamente correcto modificará los parámetros de libertad, pues los no afines a ese ideario serán una minoría. Como vemos, lo que se repite en todos los casos es que las opiniones minoritarias siempre serán mal vistas y atacadas de una u otra manera. Se nos supone una sociedad más libre, pero no lo es realmente.