Libro Los Senderos del yo

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Interferencias en el desarrollo sexual del cerebro


Está claro que hombres y mujeres tenemos diferencias físicas evidentes, pero también cerebrales, nuestros cerebros se diferencian en detalles importantes, lo que nos da la posibilidad de compatibilizar atracción, deseo y búsqueda de uno hacia el otro. Pero por alguna razón esto no siempre es así, y encontramos en el mundo, personas que se sienten atraídos por otros de su mismo sexo y otras ambiguas que no se definen y aquellas que no sienten lo que su cuerpo representa. A todo esto lo vamos a llamar aquí disforia de género, aunque algunos piensan que solo se debe aplicar dicho término a los que sufren la transexualidad, pero vamos a demostrar que en realidad todas las tendencias sexuales que encontramos en la sociedad son de alguna manera disforias en los centros que controlan el deseo sexual de individuo y su identificación en ese sentido. 
Durante la formación de un ser humano en el periodo de gestación, la diferenciación sexual del cuerpo se produce en los primeros dos meses. Los genes juegan un papel vital en esa definición, está claro que si en la información genética del embrión se da el caso de contener cromosoma XX será niña y si es XY será varón. Eso es a grandes rasgos todo lo que la gente común sabe. Sin embargo, estudios recientes como los desarrollados por el profesor Peter GoodFellow demuestran que hay al menos dos genes, (-SRY y TDF), responsables de determinar los caracteres masculinos presentes en el cromosoma Y. Pequeños cambios en estos genes pueden provocar grandes alteraciones en el desarrollo posterior. Por ejemplo, la falta o disfunción de uno de estos genes provoca que, personas con cromosomas XY y apariencia externa masculina, contengan órganos femeninos. También hay alteraciones en los cromosomas X (DHH, NR5A1 y NR0B1), los cuales causan situaciones similares. Todo esto tiene sus consecuencias en el proceso de masculinización y son varias las alteraciones físicas que dan lugar a los llamados intersexuales. 


Alteraciones cromosómicas y embrionarias



Existen diferentes efectos o errores genéticos que provocan efectos notables en la formación de los órganos sexuales y en la diferenciación de estos, estos son los más importantes: 

El síndrome de Swyer o de mujeres XY, es cuando se dan alteraciones en el cromosoma Y, causados por el gen SRY o por inhabilitación absoluta del cromosoma Y, a la vez el cromosoma X también se encuentra deteriorado por los genes NR0B1 u otros.


El síndrome de Klinefelter se da cuando el individuo contiene un cromosoma X de más, es decir tiene XXY, afecta a los hombres y se manifiesta porque estos, teniendo morfología masculina, sin embargo desarrollan glándulas mamarias grandes pero no feminizadas, baja estatura, falta de bello en cara y axilas y órganos masculinos pequeños o atrofiados, azoospermia y otras deficiencias comunes a la esterilidad.


El síndrome de Morris, es también una alteración del cromosoma Y, y sucede cuando este queda inutilizado debido a que se hace inmune a los andrógenos u hormonas masculinas, esto fetos se convierten en personas con apariencia y cuerpos femeninos, aunque sin ovarios ni útero, por ello se le llama “falsas mujeres” en el sentido que en el estado fetal estaban destinados a ser niños, pues contienen los cromosomas XY, pero salieron como niñas y su cerebro orientado a comportamientos femeninos, con fenotipo femenino, pero suelen ser de caderas estrechas, niveles de testosterona similar a la del hombre y otros rasgos como la altura cercanos a un hombre.


El llamado hermafroditismo es aún más raro entre los humanos, y no es funcional como en otros casos que se dan en la naturaleza, sobre todo en plantas y algunos insectos. O como sucede en ciertos peces que cambian de sexo en el trascurso de su vida, como los róbalos. En todos estos casos su diseño natural los ha dotado de estos mecanismos para la supervivencia o progreso de su especie. En el caso de los humanos con estas patologías, no tiene utilidad alguna para la superación o conservación de la especie, pues por lo general son estériles.


Como sabemos, la información genética del cromosoma Y se encarga de diferenciar a hombres de mujeres, por tanto la falta de funcionamiento normal del cromosoma Y, los convierte en mujeres, aunque en muchos casos a medias, pero también ciertas alteraciones se pueden dar entre los cromosomas X.


Así, en el polo opuesto tenemos aquellos individuos con síndrome de La Chapelle o Disgenesia gonadal XX, es decir personas que pueden tener aspectos y órganos masculinos o femeninos, pero que deberían ser mujeres, sin embargo no lo son. Esto se debe a una alteración o cambio de un gen contenido en el cromosoma Y, que en un momento dado estaría como camuflado. Como hemos remarcado anteriormente, existen dos genes claves en el desarrollo embrionario que juegan un papel vital en el futuro sexual del niño, el gen TDF que se encarga de la formación testicular y al SRY de los aspectos masculinizadores. El problema surge cuando por alguna razón desconocida el cromosoma "Y" queda inutilizado dejando fuera el TDF, mientras el gen SRY sufre una translocación y pasa a formar parte de un cromosoma X, dando como resultado que se formen dos cromosomas X, pero uno de ellos modificado o masculinizado. El resultado es individuos con apariencia masculina o ambigua, pero escaso desarrollo testicular, y por lo general estériles, pero a los que se considera como hombres, pues su cerebro reconoce su cuerpo como tal.


Incluimos también aquí el síndrome de Turner que en este caso  afecta a mujeres, se trata de la falta o atrofia de uno de los cromosomas X, es decir son niñas X0. Estas niñas no desarrollan en la pubertad y tienen ciertos rasgos distintivos claros, como baja estatura, piel con ciertas arrugas características en el cuello, mamas pequeñas, y debido a que los ovarios no pueden responder a las órdenes del cerebro para producir las hormonas femeninas necesarias, suelen ser estériles.

Estas y otras patologías tienen algo en común: Que son provocadas por trastornos genéticos que pueden provenir tanto del padre como de la madre y hasta ahora no siempre es posible prevenir. Aunque tal como hemos visto, en la mayoría de los casos los errores se dan por casusa de defectos en el cromosoma “Y”, que aporta el hombre. Es posible que el aumento en estas patologías está relacionado con la baja calidad del esperma que en los últimos años se ha convertido en un problema creciente entre muchos jóvenes. Estudios realizados en Dinamarca en los años 90 del siglo pasado indicaban un preocupante descenso del número de espermatozoides en el semen de los hombres, en comparativas entre los años 1940 y 1990 recopilada en más de veinte países se mostraba también ese descenso. Tanto es así, que la OMS en el siglo pasado establecía que un hombre era fértil si su semen contenía 50 millones de espermatozoides por cada eyaculación. Pero ahora se ha rebajado esa cantidad a 20 millones, pues es el promedio del hombre actual. Si a esto sumamos el aumento de casos de anormalidad en la forma, astenospermia (espermatozoides cansados o sin fuerza), oligosepermia (baja concentración de sanos) y uno de los defectos puede ser errónea información cromosomatica.  


Advertimos que hasta ahora hemos tratado de defectos congénitos asociados a los cromosomas, tal vez  con el tiempo se consiga detectar si un chico o una chica vienen con ambigüedades en sus genitales o si el niño o la niña vienen funcionalmente completos. Pero aun consiguiendo esto, no se lograría detectar que el bebé obtenido con esos estudios sea un hombre o mujer mental completa o nazca con una disfunción o disforia de género, pues puede darse el caso de tener sus cromosomas X o Y perfectamente, pero nacer sin un sexo mental adecuado a su cuerpo. ¿Cómo es eso posible? Porque esto más bien está asociado con otro proceso que a continuación detallaremos: 


Proceso de la diferenciación sexual 


La diferenciación sexual, como ya se ha explicado antes, queda determinada en el momento de la fecundación del óvulo por el espermatozoide, el cual contiene en su ADN los cromosomas clave (X, Y), cuyo par decidirá de que sexo será el neonato, y siempre y cuando no haya ninguna alteración en estos y los genes envueltos cumplan bien su función. Sin embargo, una vez formado el embrión, hasta pasadas cinco semanas no se empiezan a distinguir diferencias visibles. Antes de eso, los embriones son idénticos, es decir ni siquiera al microscopio es posible observar diferencias entre femenino o masculino, es más, en ambos casos se observan esbozos genitales idénticos cuya estructura bipotencial, (conocida así por el doble potencial masculino o femenino y llamada técnicamente: Cresta gonadal), puede evolucionar hacia testículos u ovarios. Pero llegada la segunda semana del segundo mes, el juego de cromosomas XY y sus correspondientes genes empiezan a actuar por medio de una serie de eventos en los que, en dicha estructura bipotencial se forman una especie de bolsas testiculares fetales y estas empiezan a segregar dos hormonas, (Ani-Mülleriana y Testosterona). La aparición de estas hormonas, provocan la masculinización de los órganos genitales, externo e interno en los chicos. En el caso de ser hembras, por contener los cromosomas XX, no se forman estas bolsas y por tanto no se producen las hormonas antes mencionadas y se mantiene la indiferenciación durante más tiempo. Esa falta produce la feminización de los órganos, cuyo proceso es más lento pues no se desarrollan ovocitos hasta el cuarto mes.



El proceso, por supuesto, es más complejo y viene determinado por la producción y segregación de hormonas, como las antes mencionadas, testosterona, la AMH y la progesterona, en perfecto equilibrio. Un desequilibrio, sea por disminución, aumento, anulación, o bloqueo de alguna de ellas, puede provocar infinidad de efectos biológicos en el desarrollo de de los órganos en el futuro del neonato y como hemos visto antes, en la completa formación de la mujer o el hombre en el que se convertirá, que depende de la segregación de dichas hormonas. Lo primero, por tanto, es que quede determinado el sexo gonadal, es decir cuando se formen las gónadas o bolsas donde se procede a producir gametos o células sexuales y donde se producen las hormonas sexuales. Tal como explicó un estudio del instituto de biología de Buenos Aires, se puede concluir que las diferencias sexuales a nivel molecular son causadas por la expresión de los cromosomas y ciertos genes, como por la acción de las hormonas, estas pueden generar y/o prevenir diferencias en determinado momento del desarrollo fetal. Este es el paso primario ocurrido entre la quinta y séptima semana de gestación, pero el proceso no queda completo hasta el cuarto mes. 
En el cerebro, la definición sexual no empieza hasta pasados los cuatro meses, y dicho proceso no depende de la genética, sino que lo marcan específicamente las hormonas, como la testosterona, los estrógenos y la progesterona generadas por las bolsas testiculares. Eso sí, por alguna razón, desde los inicios de la formación del cerebro, algunas neuronas del sistema nervioso ya tienen receptores para estas hormonas.


El neurólogo holandés Dick Swaab en su libro Sexual diferentiation of the brain and behavior, explica que, debido precisamente a que ambos procesos se efectúan en tiempos distintos e influenciados por diferentes elementos, esto resulta en que ocurran extraños fenómenos de discordancias sexuales. Y resulta en que personas con un sexo definido en el cuerpo, se sientan del sexo opuesto en su mente.




Recientes estudios arrojan luz sobre las causas de este “error” en la transmisión de información hormonal al cerebro en desarrollo. Según explica Swaab, en otro de sus libros “Somos nuestro cerebro”, existen momentos clave en los que cualquier influencia externa puede provocar alteraciones más o menos graves en este proceso. En el caso de los niños, se sabe que entre las semanas 12 a 18, hay un vertiginoso aumento de los niveles de testosterona en el cerebro y al final del embarazo, la proporción de esta sustancia es diez veces más alto que en las niñas, pero hasta pasado los primeros tres meses después de nacer, el nivel de testosterona en los niños debe ser igual que en los adultos. Estos dos picos fijan de algún modo el desarrollo de estructuras y circuitos cerebrales para el resto de la vida, el siguiente pico, la época de la pubertad, simplemente obedece a lo que ya viene siendo dado desde el desarrollo fetal y los primeros tres meses de nacido. Por tanto se considera clave lo que suceda en el mes cuarto del embarazo y las sustancias que en ese periodo pueden interferir en el desarrollo normal del cerebro del feto. 

Disruptores endocrinos en el desarrollo cerebral


Ciertos componentes utilizados en medicina para paliar los efectos de trastornos mentales o nerviosos, entre ellos, fonobarbital, difantoína, son agentes perturbadores del flujo hormonal, se les conoce como disruptores endocrinos. En el caso de embarazadas, se ha demostrado que pueden cambiar el metabolismo de las hormonas sexuales y por tanto, afectar al niño o niña, hasta el grado de generar dificultades en la definición sexual en el cerebro del feto.


Pueden haber causas genéticas, como niñas con trastornos en la glándula suprarrenal, HSC,  quienes tienen riesgo mayor de ser lesbianas o bisexuales, al igual que la ingesta de DES, un medicamento antiabortivo que simula el estrógeno y también se relaciona con estos efectos. Ciertas drogas, como la nicotina o las anfetaminas, tomadas por una madre embarazada están relacionadas con que muchas niñas se conviertan en bisexuales o lesbianas, debido a que interfieren en el flujo de hormonas. En el caso de los niños, ciertas sustancias como el Cortisol, incrementa la proporción de niños homosexuales, dicha sustancia (Cortisol) inhibe la producción de hormonas sexuales, en grado limitado, no llegando a negarlos, pero si a bajar notablemente los niveles de testosterona y producir niños afeminados. Se han estudiado casos de madres que han sufrido estrés durante el embarazo y como al parecer el Cortisol también se produce a niveles mayores en los estados de ansiedad o estrés, es muy posible, viviendo en occidente una vida bajo mayor presión, también sea la causa del aumento de casos de niños homosexuales o transexuales. Si bien no he encontrado estudios comparativos que revelen si en países pobres o subdesarrollados existen menos transexuales y homosexuales que en los de occidente. Pero queda claro que así como el tabaco, el alcohol o las drogas se relacionan con distintas anomalías en cuerpo y cerebro del feto, muchas claras y contundentes, estas otras sustancias también lo hacen, pero de manera menos visible en apariencia. 



Lo que sí está claro es que el aumento notable en los últimos años de transexuales puede estar directamente relacionado con la industrialización de la alimentación y la intrusión de la industria farmacéutica en la vida de las personas a mayor grado que antes. Tomamos cada vez más medicinas para paliar más enfermedades y más calmantes para todo tipo de molestias, como dolores de cabeza, musculares y  también se abusa de ansiolíticos y antidepresivos, cuyas sustancias pueden quedar en el cuerpo durante más tiempo del que creemos.


Algunos agentes, como el dietilestibestrol, suministrado a mujeres embarazadas con riesgo de aborto, entre los años sesenta y setenta, después se descubrió que generaba en los niños de embarazadas expuestas, a padecer trastornos de identidad sexual, en un 35%. No se retiró hasta que se empezó a relacionar con el aumento de casos de cánceres prematuros en las hijas de las que lo tomaron, lo cual provocó que fueran retirados en dichos tratamientos. Pero es interesante notar que esta misma sustancia es utilizada en el engorde del ganado para consumo humano, lo que puede estar detrás no solo del aumento de cánceres de mama en mujeres jóvenes y obesidad infantil, sino en los trastornos sexuales.


El bisfenol, que se utiliza como componente básico para ciertos plásicos rígidos en reacción con la acetona, es comúnmente utilizado en la fabricación de CDs, está presente en pinturas, colas, pero también se utilizó en los años sesenta y setenta en biberones, empastes dentales y hasta en los cristales de pasta de las gafas. En la actualidad, aun muchos envases de alimentos, como botellas de plástico contienen Bisfenol (BPA, BPS). Científicos de la universidad de Carolina del Norte, demostraron que la exposición prolongada al bisfenol durante la gestación, la lactancia y los primeros años de vida, estaba relacionada con estados de ansiedad, debido a sus efectos en la amígdala. Curiosamente se sabe que una de las zonas donde se han encontrado diferencias entre cerebros de heterosexuales y homosexuales, es también la "amígdala". Y otros estudios muestran que el BPA (Bisfenol-A) mimetiza la estructura de los estrógenos, por tanto tiene la capacidad de alterar el sistema endocrino, es considerado, por tanto un “disruptor endocrino” en toda regla. Entre otros efectos que puede ocasionar se mencionan: Cambios en el comportamiento, hiperactividad, agresividad en niñas, pubertad temprana, reducción de la cantidad de esperma en los hombres, incluso en alteraciones cromosomáticas.

Se sabe que este tipo de sustancias se encuentra ahora mismo en todas partes y está llegando a la cadena alimenticia a través de los plásticos que los peces ingieren en el mar. Pero la migración del bisfenol-A hacia los alimentos también se lleva a cabo por simple contacto con estos a ciertas temperaturas por el efecto de la luz, esto es suficiente para que se transmita y por tanto llegue al cuerpo de quienes ingieren dichos alimentos. Lo mismo sucede con el contacto prolongado con el agua, aceites, refrescos y otros productos embotellados, de allí que se sugiere mantenerlos alejados de la luz directa. Últimamente se está sustituyendo el bisfenol-A por el bisfenol-S, pero este último, así como toda la serie de bisfenoles tienen efectos en el sistema endocrino. 



Los “Ftalatos” son otras sustancias presentes en cientos de productos cercanos al hombre moderno. Se utilizan principalmente para producir cloruro de polivinilo, más conocido como PVC. Es un material plastificante que se utiliza en la construcción, protección de cables eléctricos, membranas impermeables, aislamiento, su finalidad es hacer que los plásticos tengan más flexibilidad. Además de en materiales de construcción, también se encuentra en juguetes infantiles, material escolar, sillas, mesas, platos, cortinas de baño y otros utensilios de uso común y más cercanos al contacto humano. Se supone que la exposición a los ftalatos es baja debido a que parece ser, es una sustancia que en sí sola, no es tan fácil de migrar, es decir no se integra a otras sustancias fácilmente. Deben darse ciertas condiciones más extremas en temperatura o degradación del plástico para que esta sustancia migre por si sola. Sin embargo por alguna razón se está descubriendo niveles altos de ftalatos en peces, aves y otros animales, y más preocupante aún, en la orina de los humanos, lo cual indica que se ha introducido de alguna manera en la cadena alimenticia. Y esto tal vez se debe precisamente a esa naturaleza no migratoria de esta sustancia, es decir al mezclarla en polímeros plásticos, cumple su función, pero no se integra en estos, por lo cual es más fácil que se desprenda de los plásticos de los que forma parte. Es como si formara una capa invisible e independiente en los productos a los que se añade, como si se tratara de una capa de pegamento, por ejemplo, que en el momento que un niño chupa o rasca se desprendiese y fuese ingerido por el niño. Hablamos de algo mucho menos visible que una capa de pegamento o de pintura, más sutil,  pero no menos peligroso.
Es verdad que no se trata de niveles excesivamente altos, pero algunos estudios indican que incluso a niveles muy bajos de concentración de algunas de las variedades de ftalatos como: DIBP (ftalato de diisodecilo), DBP (Dibutil ftalato) BBzP (ftalato de bencilo y butilo), DiNP (ftalato de diisononilo) o el más común, DEPH (Dietilhexil ftalato), provocan efectos en el aparato reproductor masculino. Se efectuaron estudios en ratones, donde quedó demostrado que dosis extremadamente bajas de DEHP suprimían la actividad de la aromatasa, una enzima vinculada en la masculinización del cerebro de los machos de rata. Un contacto mayor de estas sustancias afectaba al desarrollo embrionario de los roedores, de tal manera que las crías manifestaban patentes signos de feminización en los machos, con menor distancia ano-genital, menor número de espermatozoides y mayor riesgo de padecer trastornos de conducta y desarrollo del cerebro, y en las hembras un anormal adelanto del desarrollo sexual. Las demás variedades de estas sustancias también afectan al desarrollo fetal, en el caso de embarazadas, pues modulan la producción endógena de testosterona del feto y generan, por tanto, cambios hormonales importantes.
El problema es que estas sustancias tan comunes en el ambiente que nos rodea, mezclados además con otras sustancias que se añaden a los plásticos pueden potenciar sus efectos. Los estudios en animales se han extrapolado a humanos, obteniendo resultados preocupantes, que de afectar igual que a ratones de laboratorio, estarían detrás de muchos de las disforias sexuales en el cerebro. Por ejemplo, un estudio sobre los efectos de una exposición prolongada a DBP, DEP, DIBP, por parte de mujeres embarazadas, indicó que estaba ligada a una serie de síntomas claros de desmasculinización del aparato reproductor masculino en los hijos varones de estas, además de otras atrofias genitales. También se relaciona con la esterilidad de muchos varones, tan común hoy día.
En Dinamarca, se realizó a principios de siglo un estudio estadístico que demostró que el aumento de la infertilidad masculina estaba directamente relacionada con el contacto, desde la edad infantil, con juguetes que contenían ftalatos y el uso de esta sustancia en los envases de alimentos de comida rápida. La preocupación por este tema, debido a que cada vez más parejas tenían que acudir a clínicas de fertilidad, puso en alerta a las autoridades del país, por eso en 2012 el gobierno decidió prohibir el uso de esas sustancias, pero lo fueron posponiendo, hasta que pocos años después dieron marcha atrás por las presiones de los demás estados de la Unión Europea, y las grandes empresas del sector. Están claros los efectos de lo ftalatos en el sistema endocrino, pero los estados aún no se plantean su eliminación, en parte porque hay una controversia entre la industria de los plásticos, quienes intentan demostrar que los ftalatos no son sustancias tan volátiles o transmitibles y que no se ha demostrado su toxicidad, y que los efectos en la sexualidad son muy subjetivos. Frente a estos, tenemos organizaciones ecologistas, pro-salud y otros investigadores que defienden que es muy posible que a través de la reacción química con otros productos, los ftalatos estén pasando a la cadena alimenticia y por tanto al organismo humano.
El aumento notable de homosexualidad y transexualidad en el mundo occidental más desarrollado, puede estar causado por este tipo de químicos en la alimentación. También hemos hablado antes de la introducción en la alimentación del ganado de oxitetraciclina, clortetracilina, además de cocciodiostatos.
Aunque tomar dichas sustancias que están contenidos en ciertos antibióticos no ha demostrado tener efectos físicos notables en el feto, salvo en la futura coloración de los dientes en los niños, sin embargo, los médicos aconsejan no tomar estos productos después del cuarto mes, y se advierte de su peligrosidad. Pero por extraño que parezca, no está prohibido su uso en el ganado, donde hasta se estimula a dárselo a las ovejas, cabras y vacas preñadas. No hay estudios sobre el efecto de estas sustancias en el esperma del hombre, pues a menudo solo se efectúa pruebas en embarazadas y fetos, pero habría que hacerlo para determinar si el abuso de los antibióticos en nuestra sociedad está condicionando la tasa de testosterona en el hombre y la calidad seminal de este, sus cromosomas, y esto esté dando pie al aumento en los casos de “errores genéticos relacionados con el sexo”.  
Tenemos por ejemplo los glifosatos y sus derivados, utilizados en las plantaciones como herbicidas para eliminar malas hierbas de forma química. También es utilizado en las ciudades, a fin de eliminar los brotes de plantas en aceras o calles, o para controlar las malas hierbas en jardines públicos, pero según parece es en estos puntos, donde más rápidamente se puede filtrar al agua y llegar a la cadena alimenticia. Ahora se sabe que estas sustancias pueden ser cancerígenas, por ello la Unión Europea se plantea su prohibición en los próximos cinco años, si se demuestran esos efectos. También está probado que algunos de estos glifosatos en animales pequeños producen una disminución de la testosterona y por tanto provocan descensos de población al disminuir el deseo sexual de los machos. ¿Puede llegar esto a afectar a los humanos? Se están intentando realizar pruebas, digo intentando, pues Monsanto, (y ahora Bayer), la empresa que comercializa este producto, está poniendo impedimentos a la investigación, al estudio y a las pruebas médicas sobre estas sustancias. Algunos expertos indican que es poco probable que el consumo de agua contaminada con glifosatos afecte a la testosterona de adultos, ¿pero qué hay de los niños en desarrollo prenatal? ¿Qué hay de las madres embarazadas? ¿Puede llegar esta sustancia hasta los fetos y afectar a su desarrollo sexual? Es muy probable.

Otros agentes químicos de uso común son los OMC, (Metoxicinamato de Octilo) o el 4-MBC (4-Methylbenzylidene camphor). Ambas son sustancias que aparecen en la mayoría de las fórmulas químicas de los aceites o cremas de protección solar. Estudios recientes señalan a estos dos compuestos como potenciales disruptores endocrinos, además el 4-MBC se adhiere a la tiroides y está detrás de muchas de sus afecciones. Por otro lado el OMC es considerado un alto disruptor sexual y puede estar detrás de los efectos en el desarrollo reproductivo y que tantos casos de infertilidad masculina está produciendo, además de los efectos en el desarrollo sexual del cerebro de neonato, con el consiguiente aumento de los casos de confusión sexual en la edad adulta. Hoy día se sabe que estas sustancias llegan al sistema humano por dos vías, de manera directa absorbida por la piel pasa al torrente sanguíneo y de allí a la tiroides o en el caso de una embarazada, afectando de lleno al feto en su desarrollo. La otra de manera indirecta a través de los peces que ingerimos, que han ingerido de alguna manera las toneladas de cremas protectoras que soltamos al bañarnos. 

En esto el neurólogo Dick Swaab es contundente al afirmar que tanto la transexualidad, como la homosexualidad y casi cualquier tendencia sexual ya viene dada por el desarrollo fetal, no se adquiere, en todo caso, se provoca por agentes externos como ya ha quedado demostrado, y al que es difícil no estar expuestos, pues  lamentablemente vivimos en un mundo plagado de estos agentes.

Niveles de disforia sexual en el cerebro
Muchos defienden que no existe aumento sustancial de la homosexualidad en nuestro tiempo y que esta ha acompañado a la sociedad humana desde que se tienen informes históricos. Sencillamente –afirman los defensores de la LGTBI– antes, las personas con estas características ocultaban su identidad por motivos morales, religiosos y porque las leyes castigaban dichas conductas. Pero aún teniendo en cuenta que es verdad que toda la vida ha habido casos de homosexualidad documentada, eso no quita que hay un significativo aumento de casos desde los años cuarenta del siglo pasado hasta hora, tiempos en los que se han conseguido derechos y libertades, gracias en parte a convertirse en una minoría en crecimiento y con más poder. Y no se puede negar también el hecho de que antes se relacionaba más con problemas sicológicos o traumas externas y hoy no tanto, ahora son mayoría los que defienden haber nacido así.
Es verdad que estas conductas se pueden ver acentuadas o disminuidas por las experiencias posteriores, dependiendo del grado de afectación. Y aquí es donde vamos a explicar más detalladamente la teoría de los niveles sexuales. Esta nos ayudará a entender como los efectos en el desarrollo prenatal y los posteriores traumas o experiencias pueden dar lugar al mismo efecto, sin contradecir una causa a la otra. Digamos que una cosa puede empujar o ayudar a la otra.
En esta lista que a continuación vamos a formular se sitúa en los niveles más bajos a los heterosexuales y según se asciende nos lleva al otro extremo, el de la transexualidad. Es como llenar un vaso o una probeta con marcas indicativas, por supuesto esta escala no tiene carácter peyorativo, ni discriminativo y solo sirve para el estudio que estamos llevando a cabo en este tratado, la lista por tanto quedaría así: 

Nivel 0) Correspondería a los heterosexuales completos, es decir mujeres y hombres física y mentalmente identificados con su cuerpo. 

Nivel 1) Asexuales, suelen ser individuos heterosexuales que por alguna razón rechazan el sexo, no sienten la suficiente atracción hacia sus contrarios y por lo general no dan importancia a los contactos sexuales. 

Nivel 2) Individuos que se consideran heterosexuales, y actúan y sienten como tales, pero que tienen cierto grado de femenización (manerismos) o masculinización en el comportamiento.

Nivel 3) Individuos que padecen orientación sexual egodistónica, es decir, cierta atracción hacia personas del mismo sexo, pero no se sienten a gusto, ni cómodos con dicha tendencia, lo cual les crea ansiedad, ya que sienten repulsión por su tendencia sexual. 

Nivel 4) Hablamos de individuos bisexuales, que tienen aspecto y maneras cargadas de ambigüedad, pudiendo mantener relaciones con hombres o mujeres por igual. 

Nivel 5) Personas con tendencia homosexual, pero que tienden a mantener un rol activo en caso de los hombres y pasivo en caso de las mujeres.

Nivel 6) Individuos con tendencia homosexual versátil, pueden adoptar postura pasiva o activa, en el caso de los hombres y dominante o sumisa, en el caso de mujeres.  

Nivel 7) Individuos homosexuales, que en el caso de los hombres toman el rol pasivo y en el de las mujeres tienden a ocupar el papel de Butch o dominantes en la relación. 

Nivel 8) Correspondería a personas con tendencia a identificarse con el sexo opuesto al de su cuerpo, pero sin la intención de dar el paso para cambiar definitivamente. En este terreno podemos encontrar a los travestidos y a los inversexuales, quienes intentan mantener ambos atributos.  

Nivel 9) Corresponde a la transexualidad. Personas que no se sienten a gusto con su cuerpo, ni su mente reconoce los principales órganos sexuales como suyos.  

Bajo esta escala, podemos afirmar que la homosexualidad es en realidad un paso intermedio entre la persona hetera y la transexual. Esta clasificación ayuda a comprender lo que puede originar la tendencia homosexual en personas aparentemente heteras. Existen casos en los que se acusa a la falta de la figura paterna, madres dominantes; más creíble sería buscar algún tipo de trauma infantil causado por una violación o la visión de una escena sexual pervertida, como las razones por las que alguien de repente un día se siente homosexual. En contra de estos argumentos, hay quien afirma que el homosexual no se hace, sino que nace o simplemente es así por su propia naturaleza. En realidad ambas hipótesis tienen algo de cierto y algo de falso, pues todo depende del nivel de disforia sexual con el que su cerebro se desarrolle. 


Ya que la diferenciación sexual de los genitales se da en los primeros dos meses de gestación y la diferenciación sexual del cerebro comienza durante la segunda mitad, estos dos procesos pueden ser influenciados de manera independiente y puede producirse discordancias en el desarrollo cerebral y en la identificación del yo con un sexo u otro. Como ya vimos antes, esto significa también que, como en el caso de género ambiguo al nacer, el grado de masculinización de los genitales puede no reflejar el mismo grado de masculinización en el cerebro, puede haber y de hecho lo hay, diferentes grados de afectación, que van desde la transexualidad total, pasando por la homosexualidad, la bisexualidad, incluso dentro de estos, varios subgrados, es decir pueden ser más o menos homosexuales o la tendencia es más acentuada que otros.  
Por otro lado, estudios recientes han sacado a la luz diferencias en estructuras y funciones cerebrales relacionadas con la orientación sexual y el género en personas que se definieron como homosexuales y en distintos grados.
Antaño se consideraba enfermedad o trastorno mental a la homosexualidad, pero los derechos adquiridos por esta comunidad han resultado en que se haga popular admitir ser de determinada condición sexual, y ahora han salido a la palestra determinados movimientos y lobbys gays que presionan a gobiernos de distintas tendencias, pidiendo la libertad absoluta de elección sexual, sin cortapisas. Incluso se defiende lo oportuno de que hombres o mujeres experimenten con este tipo de encuentros para definir su camino. Pero como subraya el profesor Swaab no se trata de una elección libre, sino de una imposición cerebral debido a problemas en el desarrollo embrionario. Por tanto, no es cierto que una persona simplemente decida o no, en realidad lo que tenga o falte en su cerebro determinará hacia dónde se dirige su orientación sexual. 



Los efectos del desarrollo de la homosexualidad innata se observa en la diferencia en el cerebro de hombres y mujeres heterosexuales, sobre todo en el hipotálamo y que de alguna manera afecta a la Hipófisis, la glándula endocrina que segrega hormonas encargadas de regular el metabolismo y la actividad sexual. La manera como se descubrieron algunos de esos cambios fueron curiosos, en los años 90 cuando dos investigadores del Brian Research hacían un estudio sobre ciertos daños cerebrales en el cerebro de los enfermos de Sida se dieron cuenta que en los hombres homosexuales, que eran mayoría de afectados al principio, el reloj biológico del cerebro era anormalmente grande, al principio pensaban que era un efecto de la enfermedad, pero se dieron cuenta que no ocurría lo mismo en personas heterosexuales contagiadas, sino solo en los que afirmaban ser homosexuales. A partir de ese descubrimiento se han ido encontrando más diferencias y relaciones entre los cerebros de hombres heterosexuales con mujeres lesbianas y de cerebros de mujeres normales con los de hombres homosexuales. Estas coincidencias se observan sobre todo en el sistema límbico, más concretamente en la zona “amígdala”. Los estudios de Simon LeVay del Instituto Karolinska de Suecia encontraron también pequeñas diferencias en un minúsculo nódulo en el hipotálamo, así como en los tamaños de los hemisferios.
En cuanto a si la homosexualidad es genética, no hay ninguna base para confirmar esa teoría, ni pruebas que de padres o madres homosexuales salgan niños también con dicha tendencia. No hay por tanto un “gen Gay”. Lo cual indica que la naturaleza no contempla como normal dicha tendencia, como tampoco otras filias o comportamientos desviados como la pedofilia, la zoofilia.  
En cuanto a los casos de homosexualidad forzada o adquirida, la cosa cambia, hay pruebas que la atestiguan, sin poner en duda de que hay personas que desde que tienen uso de razón afirman sentirse atraídos por personas de su mismo sexo, pero la realidad que no en todos los casos es así. Aunque el doctor Swaab y otros expertos rechazan categóricamente la existencia de homosexualidad adquirida, personalmente discrepo, sin contradecir los argumentos de Swaab, pues entiendo que todo depende del grado de disforia en el cerebro.
Si tenemos en cuenta la lista antes mencionada, se puede entender cómo es posible que esto suceda. Imaginemos una persona del nivel 2 o 3, que por alguna razón, siendo niños sufren una experiencia traumática emocional, por ejemplo, se abuse de él por parte de un familiar o amigo cercano. Esa experiencia traumática puede desencadenar en una conducta o tendencia posterior, hay cientos de casos atestiguados. Hablamos por supuesto de casos, que, aunque se dan en menor medida, se deben a desajustes psíquicos causados por experiencias traumáticas en la juventud, como violación, abuso, incluso podemos incluir exposición a pornografía en una edad clave de la infancia. Hablamos siempre de casos de personas en nivel 2 o 3, es decir ya tenían una leve predisposición, en algunos de nivel 3 se puede acentuar la repulsa-atracción, convirtiéndose en un desdoblamiento de personalidad.  Como hemos visto antes, hay niveles y grados intermedios de desarrollo de la homosexualidad y la transexualidad en el cerebro y basta un mínimo empujón del exterior para despertar cierta tendencia dormida, mientras que en otros casos de cerebros del nivel superior al 5 las cosas la tendencia hacia la homosexualidad es innata.


Bibliografía y lecturas sugeridas


-Diferenciación sexual del Cerebro – Revista ciencia – Alonso Fernández, Sandra Olvera y Nallely García.
-El cerebro sexual - Simon LeVay - 1993 Alianza editorial
-Sexual diferentiation of the brain and behavior - Dick Swaab
-Diferenciación sexual del cerebro – Damasia Becú de Villalobos – IBME, CONICET, Buenos Aires
 -Causas del aumento en la esterilidad: Disruptores endocrinos- Intitut Marqués
-Sexualidad y vida sexual - Aula abierta Salvat
-El desarrollo de la personalidad - Gordon R. Lowe - Ediciones el Prado 
-Cuatro efectos del Bisfenol A sobre la salud – Elena Sanz – Salud (Revista Muy interesante)
-Elobeid M.A. 2012 Bisfenol A – Tropical journal of Pharmaceutic Research 11, 455.
-Somos nuestro cerebro - Dick Swaab - Plataforma editorial
-La Génesis de las parafilias sexuales y la homosexualidad  - Rafael Jiménez Díaz – Universidad de Málaga
-ChemicalSafetyFacts.org – Ftalatos
-Cuadernos de cultura científica: La ciencia que deberías saber antes de comprar tu protector solar - Déborah García Bello
-Efectos de los ftalatos sobre la salud – hogarsintoxicos.org

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2 comentarios:

  1. Un estudio realmente objetivo. No había leído algo tan completo y desprejuciado como esto en ningún lugar. Lo felicito

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