Libro Los Senderos del yo

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La mente entre la oscuridad y el silencio




Hay quienes defienden la teoría de la capacidad mental adquirida, que no es otra que afirmar que existe un vínculo entre la inteligencia y las relaciones sociales en la infancia, que se relaciona con las atenciones, el habla, el tacto y los gestos de los seres queridos en los primeros años de la vida, que el neonato recibe y que prepara su cerebro para aprender en el futuro. También se pueden incluir las primeras enseñanzas que recibimos de nuestros padres, cómo el lenguaje, la comunicación, las formas, cantidades, colores y otros asuntos que forman la base para la asimilación de todo lo que viene después en la edad escolar. Obviamente si alguien jamás ha escuchado hablar, difícilmente podremos ayudarle a escribir o leer, ni entender el uso del lenguaje. 


Esto es fácil de entender cuando hablamos de los niños nacidos sordos, a quienes si no es por el esfuerzo de comunicación por medio del lenguaje de señas, sería imposible poder enseñarle aspectos abstractos y estos niños sufrirían una desventaja mayor incluso que los niños ciegos. 


¿Significaría eso que faltando esa relación, ese cariño natural de padres a hijos, nos comportaríamos como cualquier animal irracional? No cabe duda que el lenguaje hablado confiere un paso importante e imprescindible para el aprendizaje, tanto como la atención, el cariño y el tacto en los recién nacidos. 


Ahora bien, las pruebas y los casos atestiguados muestran que el cerebro humano parece de alguna manera estar preparado para la comunicación, y sobre todo con un innato sentido de la individualidad y pensamiento propio, por tanto de formación de personalidad. 


Está probado que una vez desarrollado el lenguaje, la mente puede trabajar independiente de los sentidos, es decir, una persona adulta en un momento dado puede quedar ciego, sordo e inmóvil, sin sensibilidad en las extremidades, una situación desde luego desesperante y desgraciada, pero su cerebro sigue pensando y puede crear imágenes y cosas, utilizando la información almacenada. 


Diferente es el caso de alguien que nace así, es decir, sin conexión al exterior por medio de los sentidos. ¿Podría aprender a pensar una persona sordo-ciega? ¿Podría desarrollar una personalidad o un yo, un individuo que no recibe información del exterior? Por supuesto, la mente genera imágenes e ideas sin necesidad de hacerla en determinado lenguaje hablado. Para ilustrar tenemos el famoso caso de Hellen Keller, nacida en 1880 como una niña normal, pero que una enfermedad la hizo quedarse ciega y sorda con 19 meses, tiempo insuficiente para que ella aprendiera de manera completa el lenguaje y la comunicación, apenas hablaba algunas palabras cuando sufrió la enfermedad que la dejó aislada. Pero este caso nos muestra que incluso siendo una persona ciega y sorda, puede llegar a comunicarse perfectamente, y pensar como cualquiera. Curiosamente, en el caso de Hellen, había cierta capacidad innata para el aprendizaje, había empezado a pronunciar palabras desde antes de cumplir su primer año de vida, sin embargo, para cuando había cumplido los siete años, todas esas palabras las había olvidado al igual que toda la memoria de sonidos, colores e imágenes se habían borrado de su mente, balbuceaba algunos términos que carecían de significado para ella. Algunas palabras, que por el uso y la respuesta que dicho sonido tenía, pudo memorizarla, tal es el caso de la palabra agua, que aun torpemente pronunciaba gritando cuando tenía sed. Sin embargo, aprendió de manera innata a guiarse en el jardín de su casa por lo olores, tocaba todo cuando se ponía delante y su cerebro iba abriendo recursos para distinguir el tacto y las formas de las cosas de tal manera que se hicieran perfectamente distinguibles a su cerebro.




Su gran frustración era no poder comunicarse como los demás y eso la sumía en estados de ira incontrolada y llantos que preocuparon infinitamente a sus sufridos padres. 

Por fin dieron con una maestra adecuada que, con gran paciencia y tesón, fue enseñándole a la joven Helen, con la ayuda de un sistema basado en el tacto a poder comunicarse, su mundo entonces dio un giro total. Su método consistía en escribir las palabras en la palma de la mano de Helen, todo cuanto quería saber la niña, se lo escribía en la palma, pronto ella aprendió palabras y las repetía haciendo lo mismo en la mano de su maestra. Así fue relacionando lo escrito con los objetos, lo cual ya fue todo un descubrimiento en su limitada comprensión de las cosas. Curiosamente algo que fue clave para su repentino despliegue de conocimiento y comunicación con el exterior, fue la palabra “Agua”. Recuerda que cuando su maestra quiso enseñarle agua y que distinguiera el preciado líquido, de la taza que lo contenía, tuvo que llevarla a un riachuelo y dejar que el agua fluyera entre sus dedos y entonces, animaba a repetirla con su voz, al tiempo que en la otra mano le escribía la palabra, aquel sencillo paso le abrió la mente, pues le hizo comprender que todo tenía un nombre y que aquella palabra que aún recordaba en su mente “agua” era la pronunciación que todo lo escrito tenía, fue como si su cerebro entonces conectara ciertas partes que hasta ese tiempo funcionaban para ella de manera independiente. 



 Más difícil fue comprender conceptos abstractos, por ejemplo sentimientos, como el amor, o el rechazo, que ella confundía con nociones como el bien y el mal. Para Helen, el calor del sol, por ejemplo representaba el amor, como un bien supremo, y las nubes que lo apartaban eran malas y por tanto lo contrario del amor. Pero tuvo que entender que las nubes que impedían que esos rayos le llegaran a su piel, traían el agua que también era un bien, pues era la misma agua que ella bebía y que además hacía crecer las flores, las plantas y llenaba los arroyos. Es algo tan obvio para nosotros, pero para un sordo-ciego nada fácil de comprender. Con el tiempo su cerebro fue capaz de comprender frases escritas en sus manos de tal manera que captaba palabras completas al igual que lo hace alguien que lee, captando las palabras sin necesidad de detenerse a deletrear.


Con ayuda de un método que después ella misma perfeccionó, su cerebro la llevó a reconocer por medio del tacto, a leer con las manos los movimientos de la boca y las vibraciones que las personas hacían al hablar, e imitar esas vibraciones y hablar ella misma. Esto, según cuenta en sus memorias, sucedió desde que era niña, gustaba de poner las manos en la boca y garganta de su madre y, cuando la dejaban, en la de la persona que tuviese en frente de ella.  Le fascinaba descubrir que esto lo hacían a menudo y concluyó que debía ser una forma de comunicación que para ella era un misterio, intentaba imitar esos movimientos y las vibraciones, descubriendo que podía hacerlo, si bien sus esfuerzos solo la llevaban a realizar ruidos guturales y sonidos vocales sin sentido. Así, cuando pudo comunicarse con la lectura de las manos, comprendió que podía hacerlo también como los demás, expresando los sonidos de cada palabra que leía en su mano.  Así fue como, con ayuda de su maestra, aprendió a darles sentido a esas vibraciones vocales. 



Valga decir que Helen Keller, con el tiempo estudió en un instituto con la compañía de su maestra y traductora, más tarde se gradúo en la universidad, convirtiéndose en la primera persona sordo-ciega del mundo en lograr un título universitario. Escribió artículos, fue activista política, conferenciante, y escribió numerosos libros, entre ellos algunos relacionados con sus propias vivencias, que no dejan indiferente al lector, comprendiendo conceptos complejos, se acercó incluso a la metafísica cristiana, fascinada por los escritos del famoso científico y visionario Emmanuel Swedenborg.  Al final de su vida se había convertido en icono de superación para las personas con discapacidades, y para muchos estudiosos del cerebro, psicólogos, y educadores en un ejemplo del prodigioso funcionamiento de nuestra mente, que se abre camino hasta en situaciones de incomunicación casi absoluta. 


Claro, que cabe la posibilidad de que alguien alegue que el cerebro de Helen Keller había recibido una mínima información en sus primeros meses de vida, y que de alguna manera esas mínimas conexiones neuronales en la región de broca, fueron suficientes para facilitar esa comunicación. No obstante, como ella misma reconoce en sus memorias, sus recuerdos auditivos y visuales se habían perdido, no recordaba sonidos ni imágenes, por tanto tuvo que empezar de cero. Por otro lado, se sabe de otros casos más extremos, hablamos de niños que no tuvieron ni siquiera ese mínimo contacto visual o auditivo al nacer, y que desde entonces, gracias al método de Keller, pueden comenzar a comunicarse. Este es el caso de la joven Debbie Curry, nacida sorda y ciega, quien pasó sus primeros años en oscuridad y silencio absoluto, pero aprendió a comunicarse a través del tacto, utilizando un método llamado “Tadoma”, que básicamente es poner sus dedos en garganta y boca del interlocutor. 


A pesar de no haber oído nunca un sonido, a los veinticinco hablaba de manera entendible, y poco tiempo después ya era capaz de tomar decisiones independientes con respecto a ideas, creencias y otros asuntos abstractos. Por tanto, no parece necesario que tenga que haber aprendizaje previo, sencillamente la mente se abre camino y busca maneras de comunicarse, de crear imágenes, conceptos, ideas y desarrollar su propia personalidad. 


Por otro lado, existen numerosos casos de niños con parálisis cerebral que, aunque incapaces de mostrar comunicación externa, ven y oyen y llegan a aprender mucho, en algunos casos logran cierta comunicación visual, o gesticular, y en estos se observa que su desarrollo interno, el lenguaje, incluso la lectura les es posible, como a cualquier niño. Sorprendente fue la experiencia de Loida, cuando esta niña nació, los médicos informaron a los padres que jamás caminaría, ni hablaría y posiblemente ni siquiera los entendería. Ellos, no obstante, se esforzaron por leerle, le enseñaban en una pizarra el alfabeto y algunas nociones de lectura, sin tener la certeza de si su hija aprendía, pues esta no hablaba, ni indicaba con gestos si comprendía poco o nada lo que le mostraban, apenas movía la cabeza para un lado u otro, de manera monótona y repetitiva. Lloraba de vez en cuando, pero no podían tener acceso a sus pensamientos, deseos o ideas. Pero cierto día, cuando tenía dieciocho años de edad, y casi por casualidad, una de sus hermanas pequeñas jugando, preguntó a Loida si distinguía cierto nombre entre varias palabras que tenían escritas en la pared. Como pudo, Loida inclinó la cabeza hacia la palabra correcta, para comprobar que no fuera casualidad su hermana probó con otras y se dio cuenta que acertaba en todas ¡Sabía leer! Gracias a esto, los padres pudieron comunicarse con ella, descubriendo que comprendía y se expresaba como una adulta, con una madurez sorprendente, sus primeras palabras, escogidas letra a letra, fueron: “Estoy muy feliz porque, gracias a Dios, ahora puedo comunicarme”. Afirmó que por años se pasó pensando lo que quería decir a su familia, incluso mostró su frustración cuando oía a sus hermanas aprender a leer, ser felicitadas y ella que ya sabía, era incapaz de demostrarlo, por eso a menudo sufría arranques de llantos incontrolables, era la frustración de una mente que quería comunicarse con el exterior y no encontraba la manera. Esto muestra que nunca se debe dejar de hablar o leer a niños en estas condiciones.


Más complicado lo tienen los niños nacidos con  “multimpedimento Sensorial”, en estos raros casos, es muy posible que apenas reciben comunicación con el exterior, pues no ven, no oyen, no se pueden mover y tampoco tienen tacto en sus extremidades, por tanto es difícil valorar el grado de progreso mental que puedan tener, en cualquier caso, es posible que sus pensamientos absorban las pocas sensaciones que le lleguen al rostro, la cabeza, el tacto y el gusto al comer y con eso se pueda hacer una idea de su entorno, sorprendería lo mucho que el cerebro puede captar aún en esos casos tan extremos. Al igual que la vida se abre camino, el cerebro se desarrolla y busca la salida a su encierro, el yo, por tanto se forma de una u otra manera. 



¿Existe el sexto sentido?





Cuando hablamos de sexto sentido, nos viene a la mente episodios relacionados con adivinaciones, detección de eventos próximos que de manera instintiva poseen algunas personas. En parte, porque el mundo del cine ha explotado en gran manera esa idea. A nivel científico se dice que algo que diferenció al cerebro humano del primate, fue precisamente la toma de decisiones en armonía con la visión de futuro, algo de lo que los animales parece que carecen. Y esa visión y preocupación sobre el futuro se potencia con la adivinación o la capacidad de preverlo. Pero el problema es que esa técnica de prever el futuro no está aparentemente al alcance de nuestra capacidad cognitiva natural, ni es algo que tenga una razón lógica que la maneje.



Por otro lado, se suele atribuir a algunas personas una capacidad para ver más allá de las apariencias y de las palabras, intuir lo que esconde su interlocutor o lo que está pensando. Existen ciertos ilusionistas conocidos como “mentalistas”, que afirman poseer algunas de estas cualidades. Pero el mentalismo es una rama del ilusionismo, ya que juega precisamente con la interpretación de los gestos, movimientos, tono de voz y otras cosas para averiguar detalles de la persona estudiada. Pero es una cualidad un tanto subjetiva, pues los experimentos a menudo muestran que se trata de conclusiones provenientes de una lógica y cálculo que bien aplicado y explotado, logra sacar conclusiones sorprendentes, pero nada tienen que ver con conexiones entre cerebros o mentes. En el excelente libro de Martin Gardner: "La ciencia, lo bueno, lo malo y lo falso" se demuestra como muchos de estos mentalistas utilizan la sugestión, y el hábil uso de preguntas claves que le conducen a hacer creer que nos leen la mente. 

Pero aún suponiendo que alguien sea capaz de captar lo que piensa la persona que tiene enfrente, existen dificultades físicas insalvables para el común de los mortales. Se sabe que de alguna manera cuando se generan pensamientos, en el cerebro se producen ciertas ondas electromagnéticas que pueden ser detectadas. Estas corrientes eléctricas son de una frecuencia entre los 12 a los 32Hz. La capacidad para leer las frecuencias que pueda transmitir el cerebro, por el momento sólo está al alcance de sofisticados electroencefalógrafos conectados con sondas al cerebro, pues dichas ondas no tienen la potencia suficiente (menos de 5microWatios) para ser captadas a una distancia de más de 10cm. Y en el caso de salir fuera del craneo, lo hacen degradándose por las propias leyes de la física, muy rápidamente. La cantidad de intereferencias externas debído al bombardeo de señales electromagnéticas que nos rodean, hacen inviable una lectura a mayor distancia. Por tanto, difícilmente pueden ser captadas por otra persona a más de un metro, si aquella tuviera la capacidad receptora de sintonizar dichas ondas del pensamiento y pudiera interpretarlas. Hoy por hoy, la única manera viable de poder leer algunas informaciones básicas que fluyen por nuestro cerebro, solo se puede realizar en condiciones muy controladas, en laboratorios especializados y con máquinas complejas unidas al cerebro mediante sondas conectadas a él. Es así y poco se ha avanzado en la comprensión de dichas ondas, más allá de interpretar órdenes para poder movilizar brazos o manos robotizadas, nada se ha conseguido en la intepretación de pensamientos abstractos o palabras pensadas. Así que por allí no parece que podamos seguir considerando la lectura mental como un sexto sentido natural.





¿Y si el sexto sentido tuviese que ver con una función de nuestro subconsciente? Se suele decir que, en contraposición al estado de consciencia, está el subconsciente, que según algunos guarda un potencial infinitamente superior al de la consciencia. Se suele ilustrar con un iceberg, cuya punta visible esconde un descomunal tamaño en la parte inferior. En cualquier caso esta misteriosa parte escondida en nuestro cerebro es como un estado de consciencia interna que no está bajo nuestro control, es decir, nuestro “yo” no puede actuar en el subconsciente.
Por ejemplo, no podemos hacer que nuestro cerebro sueñe determinado sueño, ni controlar ciertos sentidos, o al menos esto se supone. Se dice que la consciencia, durante la vigilia, viene dada por la información que recibimos desde el exterior a través de los cinco sentidos básicos, (la vista el oído, el tacto, el olfato y el gusto). Pero esa información es procesada e interpretada por otra parte del cerebro, donde previamente se almacenan otros datos con los que se interpreta y se crea una realidad, a partir de lo que tiene y recibe. Por esa razón, un sonido así como una melodía, por ejemplo, sugiere a una persona una cosa y a otra, algo totalmente distinto. Todo depende de los recuerdos, el gusto o educación musical, previamente recibidos o no recibidos, esto hace que a algunos les llegue a emocionar cierta música o evocarnos recuerdos de toda clase, mientras que a otros puede causar desagrado o la indiferencia. De alguna manera la percepción que previamente hemos adquirido por nuestra educación, experiencia previa o cultura, interpretan lo que percibimos con nuestros cinco sentidos.



Hay en la naturaleza otros sentidos de los cuales los humanos carecemos o al menos hasta ahora ignoramos que los tenemos. Por ejemplo, se sabe que algunos insectos, aves y ciertas especies marinas, son capaces de percibir campos magnéticos; algunos reptiles disponen de sensores infrarrojos que les sirven para identificar el calor corporal de sus presas; los tiburones poseen un sensor natural llamado electrocepción, que les permite percibir campos eléctricos de muy baja intensidad, como las micro descargas del cerebro, de esa manera encuentran una presa aún estando escondida o camuflada.




En esa misma línea se dice que los humanos desarrollamos un sexto sentido, si bien para muchos es un tema controvertido de dudable aceptación. Otros, sin embargo van más allá, e incluyen una larga lista de más de veinte sentidos a añadir a los cinco clásicos, aunque todos relacionados con ese sexto sentido que se quiere atribuir al hombre, que algunos relacionan con la llamada “percepción extrasensorial”. Este término fue acuñado por Joseph Banks Rhine, quien fue pionero en la parapsicología, cuya teoría consistía en afirmar que con ciertos ejercicios se podía dominar la percepción extrasensorial. En 1930 realizó unos experimentos con las llamadas “Cartas Zener”, una serie de tarjetas con una serie de cinco símbolos clásicos, (circulo, estrella, cruz, cuadrado y líneas onduladas). Su experimento consistía en poner a dos individuos separados en habitáculos contiguos, una con un mazo de cartas Zener y otro sin ellas. El primero barajaba y debía sacar al azar una tarjeta, pensar en ella y dar un toque en la mesa, ir repitiendo esto al menos veinticinco veces. El otro individuo al escuchar cada toque debía anotar en una libreta la tarjeta que le viene a la mente. Para constatar que se ha realizado correctamente debería obtenerse un promedio de cinco aciertos entre veinticinco. Con eso Joseph Banks pretendía demostrar que había una leve comunicación entre cerebros y esa es la percepción extrasensorial. Esta técnica se ha unido a la parapsicología moderna, la cual fue acuñada también recientemente por otro psicólogo, el alemán Max Dessoir, quien en junio de 1889, definió esta pseudociencia como la ciencia del más allá. En realidad la palabra proviene del griego “para”: junto a / psico: mente / logia: estudio. En definitiva, estudiar junto y desde la mente. Y aunque esta técnica de estudio abarca muchas ramas del espiritismo, como la adivinación, la telepatía, la hipnosis telepática y la mediumnidad, a partir de los experimentos de Banks, asoció a estas ramas la relación con la percepción extrasensorial o ESP. Desde entonces, esta rama de la pseudociencia se encarga de dar apoyo y difusión a prácticas como la psicoquinesis, precognición, la clarividencia, o el control  mental, como si de tecnicas científicas se tratase.



  Sobre este asunto, solo diremos que es muy discutible la existencia de dicha percepción extrasensorial, pues mientras un humano sano y común reconoce y utiliza de forma normal y natural sus cinco sentidos sin ningún esfuerzo, sólo ciertos iluminados o carismáticos maestros de la pseudociencia, parapsicólogos o chamanes religiosos en  zonas de bajo nivel cultural, presumen de este tipo de supuestos “poderes mentales”. Este hecho pone en duda si realmente existen o son meras estratagemas psicológicas que provienen de las ciencias ocultas.



Sin embargo, pese a que también produce reticencias, el llamado sexto sentido, según algunos expertos está relacionado con la “intuición” o el poder de presentir un suceso o un peligro, algo que según parece es natural, que todos poseemos, pero que no siempre sabemos controlar. Por ejemplo, cuántas veces no pensamos o recordamos a una persona que hacía años que no veíamos, o simplemente pasa por nuestra mente algo que nos recuerda a ella, y entonces aparece delante de nosotros, nos la encontramos por la calle o nos visita. ¿Causalidad o intuición?



La explicación a este curioso efecto mental puede tener que ver, con la manera como nuestro cerebro almacena los recuerdos y los relaciona con diferentes cosas, lugares o momentos. Por ejemplo, pasamos por cierta cafetería por el que en una ocasión, lejana en el tiempo estuvimos con algún amigo o amiga que llevamos tiempo sin ver. Luego al pasar por un determinado lugar, sentimos el olor de cierta fragancia que otra persona conocida solía llevar y pensamos aunque sea unos milisegundos en esa persona, vemos un rostro que nos recuerda a otra y así durante el día el cerebro va relacionando recuerdos almacenados en diferentes niveles. Muchos de estos pensamientos son instantáneos, pequeños flashes que al día siguiente ya ni siquiera estamos conscientes de haberlos tenido. Pero entonces, de repente sucede que recibimos la visita a nuestra casa u oficina, de una de las personas que anteriormente había sido recordada, por ejemplo la que vino a nuestra mente cuando pasamos por el bar, e inmediatamente nuestro cerebro recuerda que hace unas pocas horas o minutos estábamos pensando en esa persona. ¿Se puede concluir que fue intuición o se debe esto a una extraña o desconocida conexión extrasensorial? En realidad es posible no sea ni una cosa ni la otra, simplemente se deba a pura casualidad, pues lo mismo hubiésemos pensado si nos encontramos con los otros individuos, pero casi siempre se trata de una entre muchas posibilidades de recuerdos que afloran durante un día de nuestras vidas y que ahora los relacionamos con estos encuentros inesperados.



El presentimiento también, según algunas teorías psicológicas, es el conocimiento del individuo que no se basa en una construcción racional, ni ninguna formulación lógica, es un sistema de imposible explicación mediante el cual, el cerebro de la persona que la experimenta utiliza información o experiencia previa, y entonces formula pensamientos presentados, por lo general, como reacciones emotivas repentinas, percepciones o sensaciones. El prestigioso psicólogo Carl Gustav Jung explica que de alguna manera sí es una función que transmite percepciones por medio del inconsciente, por ello es imposible averiguar cómo llega a constituirse dicho pensamiento.



Quizá este sexto sentido esté relacionado más con la capacidad de poder hacer que los demás sentidos trabajen en una determinada dirección. Por ejemplo, se sabe que algunos animales detectan ciertas feromonas u olores característicos que les ayudan a saber, entre otras cosas, cuando una hembra está en celo o el camino seguido por la manada, de alguna manera, utilizan el sentido del olfato de forma extraordinaria y afinada para detectar un determinado olor. Lo mismo se puede decir de la vista nocturna del gato, de otros felinos, o de ciertas rapaces. Su costumbre natural de cazar de noche es gracias a esa capacidad superior de la vista, pero en ambos casos utilizan uno o más de sus sentidos de manera especial, lo que les confiere un super-sentido. En el caso de los humanos, es posible que este sexto sentido esté relacionado con la capacidad del cerebro para detectar, sea por olores, sonidos, o cambios de temperatura, muy leves, algo que no siempre sabemos explicar, pero relacionado con la defensa o protección individual. Algunos antropólogos o evolucionistas concluyen apresuradamente que la intuición es el residuo de un sentido claramente necesario en otros tiempos en los que el hombre debía cuidarse de ser comido por los depredadores. No hay prueba de que los indígenas amazónicos tengan desarrollado este sexto sentido por vivir en modo selvático, salvo que puedan tener mejor desarrollado el olfato y el oído.



En cualquier caso, si se tratase de un sentido dirigido por el subconsciente, es decir, que no podemos controlar o interpretar completamente, no puede entonces considerarse como uno más de los sentidos, pero si como una mejora de los demás. En cualquier caso, estamos dotados de una especie de sistema de alarma o alerta, y a veces sentimos como si nuestro cuerpo nos quiere advertir de algo, si bien no siempre comprendemos qué es, pues esto lo siente nuestro subconsciente. ¿Será posible algún día poder dominar nuestro subconsciente? ¿Nos convertiría esto en super-hombres?




Algunos estudiosos del cerebro y de la mente, piensan que sí es posible eliminar esa dicotomía entre consciencia e inconsciencia. Para ello, aluden a un descubrimiento reciente llevado a cabo en la universidad de St. Louis en Washington. Se trata de una nueva interpretación de la función de la “corteza cingulada”, una zona del cerebro que por lo general se relacionaba con la toma de decisiones, curiosamente esta se encuentra entre los dos hemisferios cerebrales. Bien, pues los científicos de St. Louis demostraron que la “corteza cingulada anterior”, al parecer se encarga de enviar señales específicas de advertencia entre ambos hemisferios, y avisa a nivel subconsciente que alguna cosa no va bien, que una acción o decisión nuestra puede tener efectos nefastos o que el ambiente en el que nos encontramos puede ser peligroso o es distinto al acostumbrado y puede registrarse una sorpresa. Hemos de tener en cuenta que hay ciertas funciones que cada uno de los hemisferios desarrolla de forma casi autónoma y no simétrica con el otro. Así, el hemisferio izquierdo, el que controla la mano derecha, el habla, el pensamiento lógico, coherente, el razonamiento, el cálculo matemático y el orden, mientras el derecho controla la mano izquierda, la imaginación abstracta, la intuición, el sentido artístico, musical, etc. Y hasta hace poco, algunos expertos indicaban que el hemisferio izquierdo es el que domina sobre el otro, por lo general.  Por eso, algunos neurólogos concluyen que en esta corteza radica ese sexto sentido que se relaciona con la adivinación mental, pues hace que esa intuición del hemisferio derecho, pase a formar parte de una lógica abstracta, pero calculada matemáticamente. Hay que decir, no obstante, que aparte de la corteza cingulada, el “cuerpo calloso” es una sección que une ambos hemisferios y también se encarga de hacer que ambos trabajen a la par y en armonía. Un corte de este cuerpo calloso, no impide que el cerebro funcione, pero lo hace de manera anómala, creando una persona con doble personalidad, pero sobre este tema ahondaremos más adelante. En cualquier caso, el cerebro necesita un vinculo de comunicación de ambos hemisferios, cualquier anomalía o defecto en estos vínculos, producen efectos negativos, en la personalidad, la conducta, la manera de comunicarse o entender la realidad.



 Por ejemplo, hay estudios que relacionaron los casos de esquizofrenia o la de los individuos obsesivo-compulsivos, que indican en estos un mal funcionamiento del sistema de alarma, ya que por años se sabía que los aquejados de esa enfermedad mental solían tener una actividad anormal en esa parte del cerebro, (la corteza cingulada), lo cual explicaría la conducta extremadamente errátil y convulsa de estas personas, sus visiones extrañas, sus arranques de pánico injustificado o su compulsiva obsesión y desconfianza, que los hace ver peligros donde no los hay. 




Por otro lado, algunos ven en esto tal vez el camino para poder dominar este sub-sentido, pues si realmente se pudiera desarrollar todo su potencial, controlaríamos de manera más eficaz la toma de decisiones, nos daría más seguridad y potenciaría nuestra percepción a la hora de actuar. Mejorando la comunicación entre hemisferios, conseguiríamos dominar el mundo de la percepción a grado máximo, o tal vez no. Pero por el momento, es imposible determinar qué es el sexto sentido, y lo unico que queda claro es que lo que está en el mundo del subconsciente no está al alcance del yo pensante. La ciencia aún está lejos de comprender dónde y cómo se desarrollan los pensamientos, cuanto menos si estos provienen del subconsciente.



Bibliografía  y libros sugeridos

  -La ciencia: Lo bueno, lo malo y lo falso - Martin Gardner -Alianza editorial
  -Gimnasia cerebral - Monique Le Poncin - Temas de hoy
  -Claves de la psicología - Manuel a Blazquez - Aula Abierta 
  -El futuro de nuestra mente - Michio Kaku 
  -El cerebro - Juan Masana Ronquillo - Aura abierta
  -Cómo desarrollar una máxima capacidad cerebral - Miriam Ehrenberg - Edaf
  -Los engaños de la mente - S.L Macknik - booket
  -Rarología - Richard Wiseman - Circulo de lectores